– ¿Qué te parece?
Ella alza la vista por encima de la publicación.
– Si es para ir al circo, genial...
Le lanzo un cojin, y vuelvo a comprobar mi reflejo. Doy vueltas analizándome entodos los ángulos posibles.
– ¿En serio estoy tan mal? - Le pregunto apenada.
– Yo no te he dicho eso. Los circos son guays, hacen reír...Como tu vestido de cuadros.
– ¿Qué tiene de malo mi vestido de cuadros? - Le grito.
– Es de tela de payaso...
– ¡Tu me dijiste que me lo comprara! - Le digo apuntándole con el dedo.
Se encoge de hombros.
– No pensé que me tomarías en serio... La culpa es tuya por hacerme caso.
Dejo escapar un suspiro. Ya no hay manera de que vea el vestido con los mismos ojos. Rebusco en el armario y saco uno negro. Lo cojo por la percha y se lo enseño suplicante.
– ¿Y este?
– Mira, me da igual como vayas, la verdad. No se ni por qué tienes que ir.
– Porque nunca me pasa nada interesante.
Chista.
– ¿Y esto lo es?
– Pues no se, pero pienso averiguarlo.
Deja escapar una pequeña risa sarcástica. Yo me quito el vestido de cuadros de mala gana, y me pongo el negro. Casi me cargo la cremallera al subirlo. Soy demasiado torpe. No se ni para que tengo tantos vestidos si nunca uso ninguno. Parece que este no me queda tan mal como el otro... Me pongo unas sandalias, los tacones me hacen demasiado alta, y me pinto los labios de rojo. Tiene gracia, pero nunca me había atrevido a hacerlo. Me siento en la cama. Ya estoy lista.
– Oye Sara...
– Dime. - Dice sin apartar los ojos de la revista.
– ¿Por que no te vienes? ¡Lo pasaremos bien!
Niega con la cabeza.
– No. Ya te he dicho que paso de esos maricas.
– Igual tienen amigos que si te gusten.
– Me da igual. No voy y punto.
Me encojo de hombros. Que haga lo que le de la gana. No pienso amargarme y quedarme aquí solo porque ella quiera.
– Ah...- Le oigo decir cuando pongo una mano sobre el pomo de la puerta.- Si te pillan yo no quiero saber nada. Y te lo digo en serio. No pienso cubrirte.
– Gracias.
– De nada.
El pasillo esta a oscuras, y yo prefiero no encender la luz. Joder, en cuanto pase alguien estoy perdida. Nadie se creerá que voy al baño vestida así. Tal vez no haya sido buena idea prepararme tanto. Oigo un ruido y me pego mucho a la pared. Una gran tontería. Si sale alguien va a verme igualmente. Pero tal vez de este modo me sea mas fácil correr... Sigo andando hasta las escaleras, donde me cruzo con una sombra. No estoy segura de si soy yo, o es otra persona. Me quedo paralizada unos segundos. Luego alguien carraspea y el corazón empieza a latirme con fuerza.
– ¿Quien eres? - Pregunta.
– ¿Y tu?
– Yo he preguntado primero.
Trago saliva y rezo para que no me conozca.
– Mai.
Respira aliviado. Intento distinguir su figura, pero la luz es insuficiente para ello.
– Yo soy Robin.
Ahora la que se siente aliviada soy yo. Robin es un chico de mi curso. Sueco, me parece. Nos llevamos bien, aunque no hablamos demasiado. Supongo que llega ahora, cuando el toque de queda hace tiempo que paso. Sonrío.
– ¿De donde vienes?
– ¿Y tu a donde vas?
– ¿Y a ti qué te importa?
– Lo mismo que a ti.
Nos quedamos callados. Él carraspea.
– Tu no me has visto.
– Ni tu a mi.
Comienzo a bajar las escaleras, piso mal en un tablón y tropiezo. Suelto un grito. Robin me coge del brazo y evita que salga rodando.
– Nos van a pillar por tu culpa.- Me dice mientras me ayuda a incorporarme.
– No es culpa mía...- Murmuro. El chista, y sube, desapareciendo de mi vista. Sola otra vez. El miedo vuelve a invadirme...Bajo las escaleras de puntillas. Mis sandalias hacen demasiado ruido. Voy a despertar a todo el mundo... Me las quito y bajo los escalones que me faltan descalza. Noto la sequedad y el polvo colarse en mi piel. Me da una dentera enorme, pero es preferible a que me pillen.
Llego al piso de abajo y oigo unos ruidos. Seguramente los profesores aún estén charlando por ahí. Miro a los lados cada vez mas nerviosa, y salgo corriendo hasta la puerta. La abro y la cierra con toda rapidez. Suelto un grito. Una piedra se me ha clavado en el pie. Como duele...
– ¿Que haces descalza?
Alzó la cabeza y veo tres pares de ojos mirándome alucinados. Unos son de Dougie. Otros de Harry. Y al dueño de los terceros no lo conozco. Son de color azul, aunque menos intensos que los de Harry. Tiene el pelo castaño, rizado, y muchas pecas. Por no hablar de sus dientes de cabra y su risa estridente. Si, se esta mofando de mi.
– Hacen ruido, ¿Vale? - Respondo abochornada.
Noto como Dougie me mira fijamente. Me muerdo el labio y el corazón me empieza a vibrar.
– Oye...- Dice con su voz aguda.- ¿Por que te has vestido así?
¿Como debo tomarme eso? Me encojo de hombros.
– N-No se..
– Yo creo que así esta muy bien.- Comenta el pecoso.
Yo le miro enrabiada.
– ¿Y tu quien eres?
Harry le señala con la cabeza.
– Es Danny.
– Si.- Dice el.- Soy Danny.
– Si, ya lo he oido...
Supongo que será el chico del que hablaban el otro día. Es muy atractivo. Pero tiene pinta de ser bastante idiota...Se acerca a mi y pasa uno de sus brazos por mis hombros. ¿Qué hace? Se acerca a mi oído.
– Yo que tu me calzaría.- Dice.- Vas a pillar una infección...
– ¡Iba a hacerlo, pero no me dejabais! - Le grito mientras tiro los zapatos al suelo y me los pongo de manera torpe. El castaño idiota se vuelve a reír. Yo no le veo la gracia por ningún lado. Harry abre la boca dudando.
– ¿Tu amiga no viene?
– ¿Tu la ves? - Le contesto yo en plan borde. ¡Jo! Soy bastante desagradable, pero no estoy de buen humor. El levanta las manos pidiendo tiempo.
– Qué te vistas como una mujer fatal no quiere decir que tengas que comportarte así, ¿Eh?
Noto el peso de Danny sobre mí, y lo aparto de mala manera fulminándolo con la mirada. Luego me dirijo al moreno.
– ¿Quien va como una mujer fatal, idiota?
– No-me-llames-idiota...- Dice entre dientes.
– Tio...eres idiota.
– Tu cállate Danny.
El tal Danny me esta empezando a caer bien. Junto las manos, haciendo crujir los huesos. Me dan ganas de salir corriendo hacia mi habitación. Tengo frío, y sueño , y la impresión de que estoy quedando fatal...Previsible.
Me fijo en Dougie. Está callado, mirando hacia arriba. Tiene pinta de estar aburriéndose una barbaridad. Eso hace que me sienta peor. Yo solo quería llegar a conocerlo...
– ¿Podemos irnos ya, por favor? - Pregunto yo abrazándome a mi misma congelada.
– ¿Tienes frío? - Pregunta Harry. Yo asiento. - Claro, es que a quien se le ocurre andar en tirantes por aquí...Esto no es...de donde quiera que vengas.
– España...
– Si, bueno...Esto no es España.
Noto algo golpear mi cabeza, suelto un quejido y me giro. Dougie señala la sudadera que hay esparramada en el suelo. Yo no me muevo.
– Vamos, cógela...- Dice. - Vas a acabar como un muñeco de nieve sino...
A Danny eso le resulta terriblemente chistoso. Empieza a aplaudir y a soltar una carcajada que hace que mis oídos se planteen el suicidio.
– ¡Un muñeco de nieve! ¡Que bueno!
Y en lo poco que llevo de noche he llegado a dos conclusiones. La primera es que Dougie es un amor. Y la segunda es que el coeficiente de Danny tiene que estar por debajo de la media.




1 comentarios:
che tu! sigueeeeeeeeeeeeee
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