– Vaya cu-tra-da. - Comenta Sara nada mas entrar, soltando sin el mas mínimo cuidado las maletas en el suelo. Yo echo una ojeada rápida a la habitación y tuerzo los morros.
– Bueno...tampoco esta tan mal...
Aunque lo cierto es que si que lo esta. Es oscura, muy oscura, aunque las ventanas están abiertas a cal y canto. Las paredes de un blanco deprimente, y con la pintura rascada en muchas de sus zonas. Persianas rotas, muebles viejos... Sara suelta una risa sarcástica
– ¿Estas de coña? - Me dice con los ojos saliéndosele de las órbitas.- ¿Sabes esa casucha que esta yendo para las campas de mi pueblo? Si, si, la abandonada...Bien, pues apuesto que está mucho mejor que esto.
– Como te pasas...
– No, Maitane, en serio. Mira los edredones...- dice señalando las camas con cara de asco.- Fijo que no han cambiado ni las sabanas.
– ¡Cállate! Joder... que asco.
– ¡Y esta cama rechina! - Dice sentándose levemente sobre ella. - Vamos, que echas un polvo y ya tienes a medio colegio espiando por la puerta.
Río y me tumbo en la cama, estirándome todo lo que puedo. Mi cuerpo se hunde, y los hierros se me clavan en la espalda. Qué incomodidad. Sin embargo siento como si me elevase. Después de las horas entre aeropuertos y transporte, me da igual que un mullido colchón me destroce la espina dorsal. Al menos ahora no tengo que aguantar mi propio peso sobre mis pies. Sara, se quita las botas de manera brusca, y se sienta de rodillas, apoyandose en el cabecero. Luego suelta un largo y profundo suspiro.
– ¿Crees que nos dejaran pintar la habitación de turquesa?
– ¿Pintarla? ¿Para dos meses? ¿Qué mas da?
– ¡No pienso pasarme las vacaciones contando cuantos bichos puedo distinguir en la pared!
– No digas tonterías, aquí no hay bichos...Se mueren con el frío...- Comento sin estar muy convencida.
– ¡No inventes! Al menos podremos poner algún póster...O algo que motive...¡No se!
– ¿O hacemos dibujitos directamente?
– Lo mismo me da, pero...- suelta un pequeño grito histérico.- Yo no puedo estar aquí, es deprimente. ¿Vamos a dar una vuelta?
Le miro, dudando.
– ¿Ahora? Acabamos de llegar, quiero descansar y ducharme y...
– Oh, ¿Seguro que quieres ver como esta el baño?
Tiene razón. El baño. Apostaría un brazo a que o la mampara de la ducha esta rota, o la taza del retrete esta destrozada. Por no hablar de las cucarachas. Le miro con las cejas arqueadas esperando que suelte algunas palabras de consuelo, pero no lo hace. Esta estancia esta comenzando a cabrearme.
– Pero ¿Podemos salir ahora? - Le pregunto. - Quiero decir...¿No hay que pedir permiso?
– Hoy es domingo y el primer día. Bien podríamos no haber llegado aún. Mira, nos vamos y damos una vuelta, y si nos ven salir o nos dicen algo, el típico “yesyesyes” y listo...
– El típico “yesyesyes”...- Repito con una sonrisa, más para mi misma que para ella. La verdad es que me apetece mucho tomar algo de “aire inglés”. Pongo los ojos en blanco. - Venga, vamos, pero no muy lejos, que yo no puedo andar.
– Sisisi...
– Ey.- Le digo amenazante.- El “yesyesyes” con los guiris, no conmigo.
Ríe, y vuele a ponerse las botas de la misma manera en las que se las ha quitado, va a terminar dándolas de si. Le miro negando con la cabeza.
– Pero atatelás bien, que las vas a romper...
– Que no...
– Bueno, bueno...¿Vamos a salir así? - Le pregunto haciendo una mueca
– ¿Así como?
– Pues...con estas pintas.
Me mira de arriba abajo evaluándome, y luego se pasa las manos por el pelo para comprobar como de despeinada esta. Vacila un momento, y luego se encoge de hombros.
– Bah, que mas da. No creo que haya nadie interesante en este pueblucho.
Asiento, y salimos de la habitación. Cerramos la vieja puerta, y Sara se cuelga la llave del cuello. El pasillo, en tal mal estado como la habitación, esta completamente desierto; nadie pensaría que que esto es una residencia. Bajamos las escaleras de madera sin hacer mucho ruido, no creo que estemos haciendo nada mal, pero siempre es mejor prevenir.
En la puerta principal si que vemos mas gente. Parece que los estudiantes van llegando. Hay una larga cola de ellos, esperando a hablar con la única recepcionista del colegio; una señora algo mayor que parece mas interesada en el solitario que esta haciendo en el ordenador, que en los pobres alumnos perdidos. A mi me es completamente indiferente.
Salimos fuera y nos ponemos las chaquetas; aún estando en Julio, no es que sea un día muy caluroso. Al menos no el tipo de día caluroso conocido en España. El cielo esta azul, eso si.
– Bueno...¿Y ahora para donde vamos? - Le pregunto.
– Pues....- Dice mirando para la izquierda y para la derecha. Estamos en mitad de una cuesta de piedra, así que tampoco hay mucho donde elegir. Subir o bajar vaya. - Vamos hacia abajo que no me apetece subir.
– Ya, pero es que tendremos que subir luego de todas maneras...
– Pero podemos descansar primero en...Bueno, que yo ahora paso de subir.
– Tu ganas. - Contesto resignada. Ella se da por satisfecha y empieza a bajar dando saltos. Yo corro un poco para alcanzarla y le agarro del brazo.
– No vayas tan rápido, que sabes que no puedo andar. - Le recrimino. Ella se encoge de hombros, y sigue con los saltitos. Creo que la voy a matar.
Cuando llegamos abajo los pies me duelen aún más, los zapatos han conseguido despellejarme la mayor parte de la piel, y creo que una de mis rodillas ha dejado de funcionar como debería. Le echo a Sara una mirada aniquiladora, pero esta ni se inmuta. Señala unas escaleras y sale corriendo.
– ¡Vamos a sentarnos aquí!
Le sigo. Es un buen sitio para descansar. Están en medio de una plaza llena de gente. Empiezo a pensar que todo el pueblo se ha centralizado en esta zona, si no fuera por estas presencias humanas, habría jurado que nos encontramos en medio de un pueblo fantasma. Oigo rugir mi estomago. Lastima que hoy no haya nada abierto, tendré que esperar hasta la cena. Me siento junto a Sara, dejando escapar algún que otro quejido, y me suelto un par de cordones de las zapatillas. Alivia. Poco, pero alivia.
– Qué delicada chica. - Murmura. Yo no le contesto. Echo un vistazo alrededor. La mayoría son niños o ancianos, y las pocas personas de nuestra edad, no llaman precisamente mi atención. No sé...Se supone que los ingleses eran otra cosa...
– Si, lo sé. - Dice Sara leyéndome el pensamiento.- Hemos ido a parar al único pueblo donde los guiris son unos cardos.
Le sonrío.
– Bueno, ya habrá mejores vistas en Londres...
– Si, ¿Y eso a cuantos kilómetros está?
– ¿138? Ni idea. De todas formas hemos venido por el inglés ¿No? Qué mas dará...
– Si, ya...Por el inglés. - Se burla.
– ¡Es cierto!
– Mira.- Comenta moviendo mucho las manos.- Yo habré venido aquí por muchas cosas, pero por aprender inglés precisamente no...Eso es lo que le dije a mi madre, y si ella nos e lo creyó...- Se calla de repente.- Lo que faltaba...idiotas.
Me giro para ver de lo que habla. Al otro lado de la escalera hay dos chicos haciendo el tonto con un skate. Bueno, realmente solo uno de ellos esta sobre el skate, el otro le graba y se ríe cada vez que esta apunto de pegársela. Son bastante monos. El que graba tiene el pelo negro, peinado en una cresta y una cicatriz en forma de rayo en un lateral. Los ojos los tiene de un azul muy intenso, como metalizados. El otro es rubio, con el pelo revuelto y un flequillo que le llega hasta donde empiezan los ojos. Ojos grises. Muy grises, demasiado grises. Le miro embobada. Luego sacudo la cabeza, odio ponerme en plan adolescente hormonada. Miro a Sara con una emoción mal disimulada.
– Joder, estos si que están bien...
Ella me mira como si estuviese loca y curva el labio superior.
– ¿Quien esta bien? ¿El feo o el peor?
– Los dos...- Vuelvo a mirarlos para asegurarme.- Tía, son muy guapos, ¿Y te has fijado? El rubio tiene los ojos grises, ¡Grises!
– Si, ¿Eh?
– Es tan adorable...Me gustaría abrazarlo...
– ¿Abrazarlo? - Me pregunta extrañada.
– Si, joder. Es como esos gatitos pequeño que te mueres por abrazar...Solo falta que llore. Dios, eso sería tan genial...
Su rostro adquiere un semblante serio.
– A veces das miedo, ¿Lo sabías?
– ¿No me digas que tu no querrías abrazarlo? Mira hagamos una cosa, para mi el rubio y para ti el moreno.
– Claro, para mi “el peor”.
– ¿Qué? Pero si es mas guapo...
– Y por eso te pides al otro, no te jode...
– ¡Porque tiene los ojos grises! Dios, que discusión mas estupida...¿Vamos a hablar con ellos?
– Ni de coña.
Junto los dos dedos indice, y le miro haciendo pucheros. Ella aparta la cabeza.
– He dicho que no, y es que no.
– ¿Pero por que?
– Porque son feos, porque no voy ni peinada, porque son idiotas, y porque no.
– Hazlo por mi. ¿No harías eso por mi?
– No.
– De verdad...cuando no comes te vuelves insufrible.
El chico rubio tropieza y cae al suelo. El moreno comienza a desternillarse mientras este mira si se ha echo algo en los codos. Sara suelta una enorme y sonora carcajada.
– Sara, joder, que te van a oír...- Le advierto en un susurro.
– ¿Y que? Dios, no se puede ser tan torpe...
– ¡Tu lo eres!
Me mira con aire ofendido.
– Si, si, si, pero yo no hago el tonto con uno de esos para caerme.
– ¿Como crees que se llaman? - Le pregunto cambiando radicalmente de tema.
– ¿Como? - Me dice sin comprender.
– Si...Creo que el rubio tiene cara de llamarse Peter, ¿No te parece? O Bradd...No se, son nombres de rubio... Y apuesto lo que sea a que el moreno se llama Ethan.
– Chad.
– ¿Chad quien? ¿El rubio o el moreno?
– Los dos. ¿Podemos irnos ya?
Estoy apunto de dar un salto de la rabia.
– ¿Qué? No hemos estado nada... Y además aquí se esta bien...
Niega con la cabeza.
– No, esto es una mierda. Yo quiero volver ya, vámonos....
– Joder, espera un poco a que se vayan estos o algo...
– Es muy triste quedarse aquí para ver a dos panolis, yo solo digo eso....
Hago un ruido con la lengua y de mal humor me pongo en pie.
– Vale, pues venga vámonos...
Se levanta triunfal, pero nada más poner un pie en el escalón de abajo tropieza consigo misma y cae rodando hasta el asfalto. Unas risas estallan en mis oídos. Los dos chicos se están partiendo ante la escena. Oigo a Sara soltar una maldición y tras asegurarme que esta bien, me muerdo la lengua para no reírme. Bajo y le ayudo a levantarse.
– ¿Estas bien? - Le pregunto.
– Si...Joder...Putas escaleras...- Tiene las manos raspadas y sucias por el golpe. Se sacude las piernas, y luego se percata de que las carcajadas vienen a causa de su caída. Aprieta los puños y mira a los chicos llena de furia.- ¿Y vosotros de que coño os reís? ¡Feos!
Los chicos ríen mas fuerte.
– Estos son gilipollas. No, si ya lo decía mi madre... Dios, asco de ingleses... - Vuelve a dirigirse a ellos.- ¡Maricones!
– ¡Sara! - Le grito dándole un codazo para que se calle.
– No, Sara no. Además no nos entienden. ¿A que no nos entendéis? Que van a entender estos...si ni en inglés me entenderán...¡FUCK!
– You fuck me? - Pregunta el moreno.
– Y una mierda. Qué te folle tu amiguito, o fóllale tu a el, aunque creo que ya lo harás....Imbécil...
– Mira, Sara, ya has ligado.
– Cállate....¡Caálate!
Hago como que cierro la boca con una cremallera imaginaria, y me alejo siguiendo a Sara. Me giro una ultima vez, y veo como el rubio se despide de mi con la mano. Involuntariamente le sonrío y me despido de el. Parece ser que ya he encontrado algo en este pueblo que merezca la pena.
Capítulo 1
Publicado por
Dierdre
on sábado, 25 de julio de 2009




0 comentarios:
Publicar un comentario